miércoles, 5 de marzo de 2008

LA CULTURA DEL FRACASO ECONOMICO




No podemos negarlo... sin lugar a dudas hay un problema que existe entre muchas personas y el desarrollo económico.
Ese problema de no poder lograr una mejoría económica sostenida, resulta a simple vista, ser un problema denso y bastante generalizado.

No tiene una sola causa, ni reconoce a un solo grupo de la población como "víctima", sino que se presenta como un fenómeno complejo, difuso, lleno de aristas que hacen casi imposible la enunciación de reglas generales.

Podríamos empezar por comenzar la observación en un segmento social mas bien reducido, como podría ser el agrupamiento humano de una provincia de escasa población del norte argentino, como podría ser Santiago del Estero.
Podemos analizar que es la riqueza, cuales son los modos de generarla desde el plano de trabajar para otro o para sí mismo, cuales son los factores que "licuan" los réditos, cuales son las causas que generan la cultura de la atrofia en el desarrollo, cual es el grupo social más afectado, y finalmente, extraer algunas conclusiones.

Qué es la riqueza?
Basta con una mirada rápida, para advertir los niveles de desarrollo económico en los bienes de uso (vivienda, vehículos, activos bancarios), y se podría ir mucho más allá , pero a los fines de este intento de introducción en el problema, podemos basarnos en eso: es decir, plantear el fenómeno social del desarrollo económico de una manera muy básica, siguiendo a Robert Kiyosaki: la riqueza entendida como la cantidad de dinero o recursos que permitan medir cuanto tiempo una persona podría llegar a vivir si dejara de trabajar hoy mismo.

Ese es el punto: "Para saber cuan rico sos, decime cuanto tiempo podrías vivir si no trabajaras más desde hoy".

Entonces, partiendo de esa base (si se quiere, arbitraria y primitiva sobre lo que es la riqueza) podemos tomarla como un paradigma, para ver quien se ajusta a ella y quien no.

Ante ese enfoque, se descartan conceptos tales como el ingreso per capita concebido en los par metros "standard", porque justamente se trata de analizar la riqueza acumulada (ya sea bajo forma de ahorro o de renta) y no la riqueza potencial o futura. No cuentan entonces, para este análisis, los sueldos a cobrar, ni las ganancias que dependan de una actividad ejercida como trabajo.

Y a poco de evaluar esta premisa, el resultado termina siendo desalentador: la enorme mayoría de las personas no puede vivir ni siquiera un mes si dejara de trabajar. Y no estamos hablando de un 50% (lo cual sería bastante), sino de una proporción mucho mayor. Ni siquiera el 20% de la población entra dentro del concepto de riqueza como previsión.

Empleados, dueños, autónomos e inversores
Es útil recurrir a la estratificación que realiza el citado Kiyosaki sobre las distintas maneras que tienen las personas para generar un ingreso para vivir. Kiyosaki las clasifica en cuatro grupos: Empleado, Autónomo, Dueño e Inversor.




Empleado: Percibe un ingreso fijo , normalmente mensual, y esa es su única fuente de capitalización. Desde el punto de vista psicológico es menos propenso al riesgo y a la iniciativa y tiende a amedrentarse con facilidad ante cualquier decisión que pueda implicar un riesgo de perder su única fuente de ingresos. Normalmente no ahorra, gasta hasta el límite de su ingreso y es proclive a contraer créditos. Suele tomarse vacaciones hasta el último día que legalmente le corresponda. Suele ser aficionado a juegos de azar que le permitan la posibilidad de mejorar drástica y mágicamente su situación económica.

Autónomo: Percibe un ingreso variable que depende exclusivamente de su trabajo. Toma decisiones estrictamente sobre su actividad. No tiene empleados que dependan de el. Es mas propenso al riesgo que un empleado. Suele ser muy ahorrativo y escasamente se toma vacaciones, porque las identifica con la pérdida de ganancias.

Dueño: Percibe un ingreso variable que depende exclusivamente de su trabajo y de sus empleados. Tiene empleados que dependen de el. Toma decisiones sobre su actividad y sobre sus empleados. Es propenso al riesgo. Suele ser ahorrativo y suele tomarse vacaciones (porque su negocio sigue funcionando aunque ‚él no esté, pero normalmente no son muy extensas).

Inversor: Percibe un ingreso variable, derivado de las utilidades de su capital invertido en determinados negocios. Toma decisiones generalmente sobre el uso de su capital. No tiene empleados que dependan de él. Suele ser ahorrativo, pero en miras a capitalizarse para realizar nuevas inversiones. Es muy propenso al riesgo. Suele tomarse vacaciones en forma irregular, sin sujeción a épocas ni fechas determinadas.


Obviamente que estas estratificaciones son "móviles". Nadie que se encuentre en una estratificación está condenado a morir en ella. Se puede pasar de ser Dueño a Inversor, o cualquiera de ellas.
E inclusive , se puede estar en más de una estratificación al mismo tiempo: por ejemplo, se puede ser empleado durante un horario determinado y tener un negocio propio en otro horario o una inversión.

Uno se pregunta...¿Cuál será la categoría o estratificación más difícil de alcanzar?
La respuesta normal sería la de Inversor, o sea, pasar de Autónomo o de Dueño a la categoría de Inversionista...

PERO NO ES ASI!!!

La experiencia demuestra que la mas difícil de todas, la más rígida y paradigmática, es la situación del Empleado.
La más difícil de lograr es la de movilizar al Empleado a cualquiera de los otros estratos.


(Antes de proseguir, nos consideramos obligados a aclarar, que no se trata de ninguna manera de desmerecer bajo ningún punto de vista, la condición de empleado privado ni público. Como toda actividad humana lícita, ejercida con dignidad y responsabilidad, nos merece el mayor de nuestros respetos. Precisamente, por regla, casi todos somos o hemos sido, empleados de alguien. Y la mejor manera de aprender y capacitarse para un emprendimiento propio, siempre ha sido históricamente, la actividad de trabajar para otra persona. Es, sin dudas, la mejor escuela posible, y una elección de vida totalmente respetable. Solamente pretendemos señalar en estas líneas, las conductas que conspiran contra el desarrollo, y que se manifiestan también en la situación de quien trabaja en relación de dependencia. No es un problema que pase por ser empleado, sino por la mentalidad de muchas personas que además, son empleados. )

Volviendo al "salto" de la situación de empleado a cualquier otra estratificación de Kiyosaky, se advierte que esa movilización demanda demasiada energía (tanto material como espiritual), porque por regla, el que se encuentra en la matriz de Empleado, está muchas veces a disgusto en esa situación, pero normalmente hace muy poco o casi nada por modificarla.

No se trata de una cuestión de preparación técnica, porque son sobrados los ejemplos de empleados eficientísimos que uno no se explica porque no ejercen por su propia cuenta su oficio, pero sin embargo, muy rara vez lo hacen.

Es todo un tema.

Nos viene a la mente el ejemplo del hachero, que es capaz de cortar decenas de troncos por día a cambio de una magra remuneración que le paga casi siempre, una persona que la mayor parte de las veces, no sabe hachar.
La lógica diría que ese mismo hachero podría cortar leña para sí mismo y venderla ‚él mismo o una persona de su familia y así obtendría un rédito muchísimo mayor que el sueldo que percibe.

Lo mismo podría decirse del maestro pizzero, que tiene una idoneidad total para hacer pizzas para el dueño del establecimiento, pero que no es capaz de munirse de un horno propio en su casa, conseguirse un celular y vender pizzas a domicilio por medio de un servicio de cadetería.

Ejemplos sobran.

Y lamentablemente, el tema no se circunscribe a tareas primarias ni a oficios, sino que asciende hasta la labor intelectual, muchas veces , de alto nivel de complejidad y preparación académica.

Hemos podido conocer excelentes profesores de inglés, (por ejemplo) que han preferido trabajar por un sueldo bajo en colegios, en vez de asociarse y fundar un instituto, o al menos dar clases particulares en sus casas, renunciando conscientemente o no a un margen mucho mayor de ganancia...con riesgo incluido..

Lo mismo puede decirse de abogados excelentes, que prefieren trabajar arduamente para el Estado, a cambio de una remuneración, sin siquiera intentar abrir un estudio jurídico propio para atenderlo a la tarde.

Y la lista sería interminable, siempre describiendo ese porcentaje que supera al 80% de las personas que trabajan.

¿Por qué ocurre eso? Cual es la razón por la cual se impone esa actitud de buscar la situación de empleo en forma exclusiva y evitar, deliberadamente o no, la iniciativa, el emprendimiento, la búsqueda de la ganancia?

¿Existen personas condenadas a no progresar?



De verdad que es muy difícil contestar a esas preguntas.
Podría especularse, parafraseando a Crossman, en una actitud psicológica de búsqueda de la seguridad a toda costa, aun cuando ello implique la renuncia determinados grados de libertad.

Quizás sea eso...


Pero ... Porqué‚ algunos parecen nacer con tendencia a asumir riesgos, a desarrollarse independientemente, y en cambio otros parecen ser "subrodinados natos"? Hay acaso un componente de libertad ínsito en algunas personas y en otras, una vocación por no ser libres?

No parece ser razonable esa distinción.




No se trata de una cuestión biológica, o psicobiológica.

Porque cualquier examen que se realice de dos personas, difícilmente permita advertir, que una esté determinada indefectiblemente a cumplir órdenes y otra a mandar.

La experiencia histórica de cientos de miles de casos de personas que empezaron pobres y llegaron a alcanzar la prosperidad, demuestra que nadie está "condenado" a depender inevitablemente de otro de por vida. Salvo casos extremos de discapacidades mentales gravísimas, nadie nace con un factor biológico que le impida inapelablemente desarrollarse.

Queda claro entonces: No es la biología, no es un estigma genético.
La cuestión, indudablemente, pasa por otro lado.

Entonces, una aproximación a la determinación concreta del problema, nos lleva (felizmente) a descartar de plano a la biología y por eliminación, si el problema no es biológico, ni genético, entonces se presenta abordable por el aspecto cultural.

El desarrollo como elemento de voluntad
Definitivamente, para lograr el desarrollo económico, es fundamental querer hacerlo. Salvo los casos de quienes reciben herencias inesperadas, es muy improbable que una persona se enriquezca en forma involuntaria.
Todo parte de un deseo consciente.

Si, ya lo sabemos... nos van a decir que casi todo el mundo quiere ser rico, solvente, sin problemas de dinero y demás.

Obviamente que estamos de acuerdo...pero la cosa es que son poquísimos los que van más allá de eso. No pasan del anhelo.
Quieren y nada más.

No hacen nada a partir de eso.

La diferencia está en los pocos que consiguen trascender el mero anhelo, y hacen el paso siguiente: averiguar, mirar, tratar de entender como funcionan las cosas, planificar, encontrar una oportunidad de desarrollar un emprendimiento u oficio... y sobre todo, no gastar todo lo que se gana.

Hay entonces una "tensión" entre el anhelo y la concreción de ese anhelo en la realidad. La gran mayoría se limita a querer, pero no sabe ni intenta saber cómo se puede lograr ese desarrollo.
Esa misma tensión, es la que genera, normalmente, ideas y conceptos equivocados.

Mal observado, mal analizado
En esa misma categoría de personas que no se atreven a apostar al desarrollo, son comunes conceptos tales como:


"La única manera de tener plata es siendo delincuente", (olvidándose que –independientemente de ser un delito- la riqueza mal habida, es a mediano y largo plazo, una de las formas más difíciles de ganar dinero)

"Soy pobre porque no robo", (olvidándose que la cárcel esta llena de delincuentes que siempre fueron pobres).

"Prefiero vivir la vida y no ser el muerto más rico del cementerio" (olvidándose que de esa manera en que viven, no es precisamente "vivir la vida").

"La gente de dinero, es mezquina" (se olvidan que solamente puede dar el que tiene. Al menos potencialmente, quien más tiene, m s puede dar).

"El dinero endurece el alma" (se olvidan que la falta permanente de dinero no la ablanda, precisamente)

"Hablar de plata es cosa de muy mal gusto" (pero parecen no darse cuenta de que si no hablan de plata en el momento oportuno, probablemente se pasarán el resto de su vida hablando de la plata que les deben a los bancos)

"La religión cristiana dice que no se puede servir a dos amos. No se puede tener dinero y ser un buen cristiano" (En realidad, los evangelios se oponen al pensamiento egoísta. Quien solamente vive para el dinero, sin pensar en vivir su vida, criar a sus hijos y ser feliz, es, esencialmente, ser digno de lástima, más precisamente, un imbécil. Pero el que no procura mejorar su vida y ser mejor, es un idiota y un desagradecido. Decía Max Weber, en “El espíritu del capitalismo” citando a otro autor, que “querer ser pobre es como querer estar enfermo”)

"No se puede ser tan materialista en la vida" (cuando en realidad, quienes a la larga se vuelven más materialistas que nadie , son justamente los que eligieron no hacer ninguna previsión, y se pasan TODA SU VIDA hablando, pensando, y actuando monotemáticamente, respecto del dinero que necesitan)


Y la lista sería interminable...

El perfil del fracasador económico
Lo más triste de todo, es que ese grupo de personas que no prosperan, se aglutinan en gran medida, en un segmento humano determinado, detectable por características comunes de comportamiento, que no reconocen diferencias de clases sociales.

Y esas características comunes son las conductas que operan como enemigos del desarrollo económico.

El consumo incontrolado
El elemento más nítido, es el apetito casi incontrolable por el consumo.

El dinero les quema en las manos y la compulsión al gasto es idéntica, tanto en el asalariado municipal que se gasta hasta el último centavo del aguinaldo en cuestión de horas, como en el médico que habiendo recibido una facturación extraordinaria ganada a lo largo de meses de trabajo, la gasta en menos de dos días, adquiriendo cosas que no necesita.

La vocación de tomador de créditos
A veces como consecuencia de lo anterior, otras veces como presa fácil de la ficción de comprar sin dinero inmediato, lo cierto es que aceptan de buen grado cuanto sistema de tarjetas de crédito se les ofrezca.

No solamente pierden mucho dinero a largo plazo, sino que pierden en forma muy temprana el control de sus gastos, pasando a ser carne cañón de acciones judiciales iniciadas por los bancos.

Lo peor es que los bancos rara vez ejecutan la totalidad de la deuda, sino que optan por refinanciar indefinidamente el pasivo. De esta manera, los deudores continúan pagando durante meses (y a veces años) solamente intereses, gastos y honorarios, sin reducir en un solo centavo el capital adeudado.

Y cuando consiguen salir (si de algún modo lo consiguen) de ese circuito tóxico de deuda, lo increíble es que en forma casi inmediata, obtienen otra tarjeta de crédito y vuelven a hacer otra vez lo mismo.
Las cadenas de la esclavitud de otros siglos eran de hierro. Ahora son de plástico. Y no se oxidan.

La paternidad irresponsable
La planificación familiar parece ser mala palabra para ellos.

Por regla, tienen más hijos de los que pueden mantener dignamente, muchas veces sin que la vivienda que habitan esté‚ en condiciones de albergar con comodidad a todos.

Para el caso de que la vivienda aún se encuentre en proceso de ser pagada al banco que les prestó el dinero, la noticia del nacimiento de un hijo más, los obliga a realizar ampliaciones que no están en condiciones de abordar. Y se internan en la dicotomía del dilema de hierro: O la construcción de un nuevo ambiente, o el pago de las cuotas del banco.

Y la prédica eclesiástica, no los ayuda. El mandato de "tener todos los hijos que Dios mande", se presenta como una visión idealizada de la vida, pero completamente disociada de la realidad. Y especialmente, de las reglas que da la experiencia.

¿Porqué? Porque el mandato de la paternidad ilimitada, tiene su origen en los textos bíblicos, todos ellos redactados antes de la revolución industrial. Siguiendo a Alvin Toffler, en su libro "La Tercera Ola", es bien claro que la humanidad pasó por tres momentos hasta la fecha: una primera ola, denominada agrícola, y luego, en el siglo XIX, por la segunda que es la industrial hasta llegar a la actual que es la tercera ola, llamada ola de la información.

¿Y esto que tiene que ver?

Tiene que ver en este aspecto: en los tiempos de la primera ola, cuando fueron redactados la mayoría de los libros sagrados de todas las religiones, la actividad humana era específicamente agrícola en su enorme mayoría. La tasa de mortalidad infantil era muy elevada y el promedio de vida apenas superaba los 40 años.

Ergo, tener muchos hijos, era una defensa natural contra la mortalidad y una forma obvia de perpetuar la especie. A eso se le agrega que al tratarse de una economía agrícola, no se diferenciaba claramente la posición de productor y consumidor.

Normalmente, se consumía lo mismo que se producía , configurándose la característica de "prosumidor" (o sea productor-consumidor, en la misma persona). Además de ello, a mayor cantidad de hijos, mayor cantidad de brazos para el trabajo rural. La familia numerosa, era , sin dudas, una ecuación perfecta para la producción agraria. A mayor cantidad de hijos, mayor bienestar familiar y a la larga, mayor bienestar general por el aumento de producción.

Y no sólo eso: los abuelos tenían una función clave, que era la de cuidar a los hijos más chicos, mientras el resto de la familia producía.

Pero con el invento de la máquina de vapor de Dionisio Papin y sucesivos inventos, ocurre el advenimiento de la revolución industrial y con ella , cambian progresiva y completamente las estructuras milenarias de organización del trabajo, lo cual afectó profundamente a la estructura familiar.

Antes, ocurría que el lugar de trabajo, coincidía con el mismo lugar donde se vivía. Se vivía en el campo y se trabajaba exactamente allí. La vivienda era necesariamente amplia y diversificada, pues servía tanto como lugar para vivir, como de depósito de elementos de labranza y ganado.

Pero con la instalación de la primera fábricas, el lugar de trabajo se disocia. Es menester que los obreros vivan cerca de las fábricas, y así se generan las primeras unidades habitacionales de departamentos, barrios obreros, sistemas de transporte y demás. Esas unidades, por naturaleza, debían ser reducidas en su tamaño, para que pudieran caber la mayor cantidad de viviendas en el menor espacio posible.

Eso llevó a una consecuencia, que se verifica en la menor cantidad de hijos. Además, al no tener espacio para que vivan los abuelos, no hay quien cuide a los hijos menores, lo que hace que surjan las primeras guarderías infantiles, y al mismo tiempo, los hogares de ancianos. La familia deja de ser la "familia global" (o sea, la de padre , madre , cuatro hijos o más y abuelos) para pasar a ser la "familia nuclear" (o sea , padre, madre y dos hijos).

En esa estructura industrial y post-industrial, un hijo más que se agregue a los dos que ya se tienen, pasa a ser un problema.

Y esa situación , actualmente, lejos de haberse modificado, es cada vez más estricta.

(Y nos apresuramos a aclarar que no se pretende poner en tela de juicio la importancia de la paternidad, ni algo tan noble y sagrado como es el amor hacia los hijos. Es más: lo sustentamos totalmente (y buena parte de la motivación de estas líneas, es exactamente eso: buscar desarrollarse para poder darle más oportunidades a nuestros hijos).

Pero el amor hacia los hijos , no es un recurso que se pueda medir. Si se tienen tres hijos, lo natural es que se va a amar intensamente a cada uno de esos hijos, de la misma manera que si se tienen doce. No se trata de eso. El amor y la pasión por el cuidado de los hijos, es algo propio de la naturaleza humana, algo sublime, que no puede bajo ningún punto de vista ser considerado con ligereza.)

Pero el desarrollo de una sociedad no se trata de la cantidad de hijos, ni de la superficie deshabitada que tenga un país o una provincia, ni la cantidad de recursos potenciales (tierras aptas para cultivo no aprovechadas aún, recursos a futuro y cualquier cosa que dependa de la voluntad gubernamental para generarse), sino de la suficiencia de medios para abordar la más alta responsabilidad que le puede caber a una persona, que es la de hacerse cargo del cuidado y educación de su familia.
Queremos dejar eso muy en claro.

Es doloroso aceptarlo, pero la realidad es que el dogma de "tener todos los hijos que Dios mande", sin tener la previsión económica para alimentarlos en todo el sentido de la palabra, solamente consigue disminuir a corto y mediano plazo, la calidad de vida de la familia en general, condicionando a la larga, el desarrollo del Estado a largo plazo, ya que se le impone la tarea de ocuparse de lo que los propios padres no se ocuparon.

Y el argumento sostenido por la Iglesia (u otras religiones), es poco convincente... especialmente si se considera que quienes emiten la recomendación (mejor dicho, la orden) de no limitar la cantidad de hijos, son precisamente quienes no pueden tenerlos, y normalmente nunca han tenido que afrontar la responsabilidad de alimentar, criar y educar a su prole con un ingreso bajo o con un ingreso fijo que a la larga termina siendo bajo, si la cantidad de hijos supera dicho ingreso...

La estética social
Otro enemigo poderoso del desarrollo, está constituido por el gasto social, o gasto de representación...o gasto tilingo. Como dice el escritor Jorge Bucay, ese gasto es "la estupidez al cubo": gastar lo que no tengo, para comprar lo que no necesito, para impresionar a gente que no conozco.

¿Quien no conoce cantidades de personas que viven en viviendas de baja calidad de confort, pero que cambian de auto cada año?

Esa compulsión al gasto, que decíamos antes, se complementa con la vocación de "pertenecer" a un segmento social más elevado, pensando que se puede acceder a él mediante la posesión de bienes suntuarios.

Además de ser un ambición bastante banal, lo cierto es que las personas de clase alta no adquieren los bienes suntuarios a través del crédito, sino que los pagan con las utilidades de sus inversiones. Es decir, sus bienes de lujo "se pagan solos", pues son el resultado final de las utilidades que produjo la capitalización hecha (normalmente) durante muchos años antes.

Los estúpidos al cubo, hacen lo contrario: sacrifican sus ingresos para adquirir esos bienes que se desvalorizan día a día. Es decir: viven para pagar los bienes suntuarios, sin que les quede margen de ahorro. A la inversa de las personas de clase alta, adquieren ANTES los bienes que las personas desarrolladas económicamente adquieren mucho después.

Una vez que se empezó a vivir de esa manera de adquirir bienes suntuarios demasiado temprano y a crédito, es casi imposible salir de ese circuito sin haber perdido mucho tiempo y dinero.

Las soluciones mágicas
Capítulo aparte merecen los "atajos" para la capitalización. Son millones las personas que apuestan (literalmente) a los juegos de azar para cambiar su suerte. De la misma manera que el barrendero de la intendencia juega todos los días de su vida a la quiniela, el que tiene un ingreso mejor , frecuenta los casinos, todos en búsqueda de ese "golpe de suerte" que les permita dejar atrás las estrecheces económicas.

Pero lo más increíble es la falta de capacidad de análisis de probabilidades: pareciera ser que no se dan cuenta de que en términos estadísticos, es imposible "ganarle" a los juegos de azar, porque las posibilidades de acierto son completamente remotas.

Se pierde siempre. Siempre. Siempre.

No se conocen muchos casos de casinos que hayan quebrado.
Bien se dice que hay una forma de salir millonario del casino. Para eso, primero hay que entrar multimillonario...

La previsión tiene mala prensa
Para esta gente, la previsión es vista como una mala palabra. Recurren en forma sistemática, al adagio de la distribución teofórica... o sea, "Dios proveerá... ".

Sin pretender poner en duda a la Divina Providencia, a ese mismo argumento se le puede contestar con otro: "A Dios rogando y con el mazo dando", como dice el equivalente refrán español.

Más allá del factor de fe, (cuya capacidad colosal de generar cambios y movilizar espíritus, lleva a sospechar su origen superior al hombre) que es ajeno a este análisis, no puede obviarse que en la mentalidad general, hay un implícito desprecio a la previsión.

En forma consciente o no, subyace la idea de que la preocupación por el futuro, es algo de lo que no vale la pena ocuparse. Siempre algo saldrá , siempre algo solucionará los problemas... algo o alguien... algo vendrá , algo ocurrirá , alguien lo hará .

"Ahorrar es cosa de pijoteros", pareciera ser la frase subyacente (cuando justamente, quien se ve obligado a no poder gastar más que lo indispensable, privándose de todo, y viviendo como el peor de los pijoteros, termina siendo a la larga, precisamente el que no ahorró nunca).
Y cuando llega el momento de ocuparse de los problemas, suele ser tarde. Muy tarde.

Inevitablemente, hay preguntas que obviamente se presentan, y que no encuentran respuesta.

No pensaron que si tienen más hijos y no mejoran su poder adquisitivo, nada va a hacer que mágicamente el dinero alcance?

No pensaron que comprar cosas a crédito, hace que quede comprometido el poder adquisitivo por tantos meses como duren las cuotas y que no se puede tomar otro crédito hasta que no se cancele el anterior? No pensaron que sea cual sea el sueldo, siempre va a ser insuficiente si se gasta más de lo que se gana?

No pensaron que si las jubilaciones que se vienen pagando hoy son bajas, nada hace pensar que las del futuro vayan a ser mejores? No pensaron que si las obras sociales no cubren determinadas intervenciones de salud por ser onerosas, nada hace pensar que mágicamente sean cubiertas el día de mañana?

No pensaron que muy probablemente no siempre van a tener buena salud, no siempre van a tener la misma energía, no siempre van a poder trabajar con la misma fuerza?
No pensaron, en definitiva, que no van a ser jóvenes por siempre?

Y la respuesta es NO.

No lo pensaron. No lo piensan. Ni siquiera se lo plantean.

Se limitan a ignorar, o a rechazar de plano, consciente o inconscientemente, lo que la vida viene enseñando desde hace miles de años, resumido en tantas metáforas y en enseñanzas bíblicas de vacas gordas y vacas flacas.

No ven o no quieren ver que el bienestar permanente es imposible, porque todo, absolutamente todo, tiene sus buenos y malos tiempos. Prefieren tomar de la Biblia , sólo lo que les conviene, olvidándose de Job, y de la parábola de los talentos.

"Mejor no pensar. Mejor no planificar. Mejor vivir el día"... Eso es lo que se extrae de observar su modo de vida.

La fábula de la cigarra y la hormiga, se les presenta como un libro blasfemo.
La premisa que les impregna su vida es el hoy. Vivir hoy, consumir hoy, disfrutar hoy...las consecuencias no importan. Mañana veremos.

Pero naturalmente, no es así como se logran los resultados que conducen al desarrollo.



Porque las consecuencias de la imprevisión, se hacen sentir en un plazo relativamente breve.

Imprevisión y emergencia
Y esa imprevisión, no está referida solamente al dinero, sino que es una actitud ante la vida que se proyecta en todos los aspectos.

Si tienen un auto o una motocicleta, no prevén que cada determinada cantidad de kilómetros de uso, deben realizarle el cambio de aceite. Si tienen gas envasado, no prevén la fecha aproximada de duración, sino que se limitan a ocuparse del problema cuando se les termine, aunque ello ocurra en pleno invierno.

Rara vez hacen una estimación o una proyección de hacer revisar las cosas de las que se sirven, sino que esperan a que se les rompan, o dejen de funcionar, para ver qué hacer.
Parece que no quieren darse cuenta de que la propiedad, NECESARIAMENTE trae aparejada la responsabilidad hacia el uso de las cosas, responsabilidad que va desde las consecuencias cotidianas, hasta las consecuencias jurídicas.

La palabra que mejor define su estilo de vida, es la emergencia.

Naturalmente, como consecuencia de la falta de previsión y renuncia consciente a responsabilizarse por las cosas que se tienen, (sin olvidar otros factores), siempre les falta dinero, y ello es debido a que "ocurrió una emergencia".

Emergencia porque se quedaron sin gas; emergencia porque les llegó sobregirada la tarjeta de crédito; emergencia porque están atrasados dos meses en la factura de la luz y tienen fecha de corte de servicio; emergencia porque se les recalentó el motor del auto y se pegaron dos aros; emergencia porque llegó una demanda por cobro de cuotas impagas de cualquier cosa comprada a crédito...

En realidad...para el que no sabe prever ni planificar, todo es una emergencia.

Bien se ha dicho que "La emergencia es, casi siempre, el nombre sofisticado de la imprevisión".

Obvio? Elemental? Pareciera que no.

Lo paradójico, es que no estamos hablando de personas débiles mentales. Por el contrario, hablamos de personas lúcidas, despiertas y muchas veces, muy cultas, que a diario nos sorprenden con su capacidad imaginativa, sus dotes de observación, su capacidad de improvisación, que se manifiestan en comentarios agudos, análisis políticos y sociales realmente originales, chistes ingeniosos, apodos y sobrenombres lúcidamente elaborados.

Se ve‚ que materia prima, hay de sobra.

Pero hay "algo" que no les permite hacerse cargo de su propia existencia.

Algo difuso, inasible. Algo complejísimo, nebuloso... algo que habita en los más recónditos pliegues del subconsciente, que les impide realizar la elemental tarea de sumar y restar, y consecuentemente, de planificar una inversión, de programar un gasto, de planificar su propia familia.

Ese "algo", se manifiesta como un "no-querer-hacer", y no un "no-poder-hacer".

¿Porqué?

Porque es clarísimo que sí pueden hacerlo. Es prueba de ello el trabajo de tantísimos empleados que tienen a su cargo elaborar un estado contable de la empresa donde trabajan (o de la repartición del Estado donde trabajan), y realizan cálculos , análisis de costos, proyecciones de gasto y demás, con total eficacia. Pero en rarísimos casos lo hacen para sí mismos.

Se parecen al ejemplo anterior del hachero, que es capaz de cortar decenas de metros de leña para otro, pero es incapaz de hacerlo para sí mismo.

¿Porque ocurre esto?

Aproximaciones a las causas de la desidia
Habíamos anticipado que el problema es, indudablemente, de carácter cultural.
A simple vista se aprecia que es un problema pluricausal.

Tiene muchas causas antecedentes que lo determinan, que van desde cuarenta años consecutivos de inflación crónica (que desalienta cualquier sentido simple de la planificación), pasando por la total falta de instrucción escolar y familiar sobre el sencillo arte de manejar la contabilidad doméstica.

A eso se le agrega (una vez más!!), la cultura del crédito como modo de vida (desde la libreta de almacén, hasta el abuso de la tarjeta de crédito), el consumismo, el gasto social innecesario.

Y por supuesto, no se puede excluir el sistemático despojo de ahorros llevado a cabo por el Estado, bajo denominaciones eufemísticas como "reprogramación de depósitos" "conversión de ahorros" y demás lenguaje técnico utilizado para justificar el decomiso del dinero de los particulares.

Y si pretendemos ir un poco más atrás...hay más elementos que se incorporan para definir esa vocación permanente de no hacerse cargo de la propia vida y de no mirar más allá del corto plazo.

Un poco de historia...
La historia institucional de nuestra Patria está llena de desgracias políticas, tales como los golpes de estado, las reformas fraudulentas de la Constitución Nacional, pasando por el dictado de permanentes normas de "emergencia", que modifican completamente las condiciones pactadas en cada contrato, transformado a la inseguridad jurídica en el pan nuestro de cada día.

Todo eso, desalienta totalmente la formación de un pensamiento previsor. Queda muy claro el mensaje subyacente de que nada es definitivo, todo es provisional y durará hasta que aparezca la voluntad ciclotímica del mandatario de turno, que decidirá , según mejor le parezca, qué debe continuar y qué no.

Ese desastroso manejo de la administración de un país, impulsa a la cultura de vivir el día y no pensar en el futuro, siempre cambiante, siempre incierto.

Y si retrocedemos más aún, llegamos al terreno de la época colonial y post colonial, donde durante décadas se puede resumir el estado general del país en la palabra inestabilidad.

Desde 1810 hasta la sanción definitiva de la Constitución Nacional (con la incorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina en 1860), transcurren cincuenta años de luchas internas, conflictos de poder, guerras civiles de unitarios y federales, que independientemente del grado de razón que pudiera caberles a cualquiera de los dos bandos, manifestaron un desequilibrio social de medio siglo. Medio siglo en el que producir, prever, y organizarse era prácticamente una utopía.

Y retrocediendo aún más, a la época de la conquista, vemos que desde la fundación de Santiago del Estero en 1553 hasta 1810, se instaura un sistema de poder caracterizado por ser un circuito económico cerrado.

Solamente España podía decidir qué se debía producir y qué no; con quien se debía comerciar y con quien no. Las posibilidades de inversión, siempre quedaban sujetas a lo que la corona española decidiera y las posibilidades de reclamo de derechos eran nulas. Tanto por la falta de leyes, como por la falta de tribunales. Cualquier cuestión legal que se pretendiera dirigir contra la corona española, moría ahogada en la burocracia del Consejo de Indias, siendo de destacar que los tribunales al efecto estaban ubicados en Charcas (actual República de Bolivia).

El proceso judicial, escrito, lento, caro y penoso por las enormes distancias, dejó la marca permanente de desconfianza en la administración de Justicia en el criollo, es decir, en el descendiente de españoles nacido en América.

También colabora ese sistema económico cerrado impuesto por España, repleto de trabas arancelarias, impuestos nuevos, regulaciones, tasas y estatutos, destinados a obtener una renta para la corona española.

En ese contexto, donde no hay forma de iniciar ninguna actividad productiva privada si no se tiene la aprobación de España (y por consiguiente, sufrir su mordisco impositivo), sencillamente se optó por preferir como inversión, la adquisición de la propiedad inmobiliaria, aunque no se la explotara jamás.

Naturalmente, era la inversión más segura, de lenta pero progresiva valorización, sin necesidad de hacer absolutamente nada. Bastaba conque hiciera otro o que siguiera creciendo la población. La mayor valuación , llegaba por si sola.

Y en el medio, el criollo.

Atrapado en una maraña de castas, privilegios y rentas solamente accesibles para españoles nativos, limitado en su capacidad productiva a lo estrictamente disponible y autorizado por la corona española, el criollo veía su propia suerte bajo el mandato implícito de "no hacer", "no innovar", "no inventar", "no crear".

El criollo y el indio
No es ajeno el componente aborigen, ya que muchos criollos eran hijos de padre español y de madre india.
Y no era muy distinta la suerte de los aborígenes, mucho antes aún de la llegada de los españoles.

En contra de las loas y alabanzas que Enrique Rodó les canta a los aborígenes, comparándolos con seres puros y semicelestiales, la historia enseña una crónica totalmente distinta.

La América precolombina, al igual que Europa y Asia, contó con colosales imperios. Los mayas, los aztecas y los incas, generaron sólidos imperios, basados en una magnífica capacidad de organización económica y técnica, y apoyados por un excelente sistema militar.

En el caso puntual de los Incas, su inmenso imperio se extendía hasta el norte argentino, en la región denominada por ellos como "Coyasuyu".

El inca conquistó a pueblos indios más débiles, no precisamente por su capacidad de diálogo y persuasión, sino mediante el uso organizado de la fuerza y su mayor cultura militar y administrativa. Esos pueblos indios menores, eran los collas, los diaguitas, los cacanes entre muchos otros.

No hace falta ser arqueólogo para darse cuenta de la inmensa distancia que existía entre los incas y los diaguitas.

Ah...¿no fue así?. Bueno, hasta la fecha, esperamos anhelantes encontrar una pirámide del sol diaguita, un observatorio astronómico cacán, o un sistema de escritura colla que nos saquen del error.

Pero hasta ahora, los hechos hablan por sí solos: había una distancia inmensa, de miles de años de diferencia evolutiva entre los incas y los pueblos aborígenes conquistados por ellos.

Como una forma de manifestación de esa conquista, se impuso el idioma del imperio incaico, y aún hoy nos queda el quechua como lengua existente en los lugares que fueron dominio del imperio incaico.

Y otra vez se presenta el esquema del poder del imperio sobre el "imperializado".
Al ser derrotados los incas (al igual que los aztecas), los pueblos indios menores, no ofrecieron ninguna resistencia considerable al conquistador español.
Porqué iban a hacerlo? Porqué defender a quien los oprimía?

Para el colla, el cacán o el diaguita o cualquier otro pueblo sometido al poder del imperio incaico, la derrota del inca en manos del español, equivalía a cambiar un opresor por otro. Cambiar de costumbres, cambiar de religión, cambiar de dioses, cambiar de idioma, pero en esencia, la estructura se mantenía idéntica: trabajar para otro a cambio de nada.

De nada servía trabajar más, querer hacer más, aspirar a poseer más, si , nuevamente, ocurría que no se les reconocía derecho a ser dueños de absolutamente nada.

Para qué esforzarse? Para qué intentar construir o mantener una identidad, una cultura, un idioma propio? Para qué tratar de aprender a leer el idioma del conquistador, si sabían que si ello ocurría implicaba la condena a cientos de latigazos o la muerte?

La mejor estrategia para sobrevivir era, justamente, no destacarse en absolutamente nada. Hacer lo que le digan, cumplir órdenes, no crear ni generar nada, y darse al único placer permitido: reproducirse.

Permitido, porque representaba para el conquistador una mayor cantidad de mano de obra barata, y cuantos más indios hubiere, mejor, y más barata sería.

En la desgraciada existencia de los indios, (con la enorme cuota de responsabilidad que por ello les cupo a los conquistadores) su vida se desarrollaba en un furioso hoy. No hay mañana posible. Sólo hoy. Vivir hoy. Comer hoy. Aparearse hoy. Embriagarse hoy. Mañana...nadie lo sabe.

La confluencia de estas dos raíces en el criollo (es decir, la de ser hijo de español nacido en América y carente de privilegios, sumado a la genética y cultura de opresión del aborigen), agregándole a ello un contexto que no estimulaba de ninguna manera a la iniciativa, son factores prácticamente determinantes de una actitud de desinterés hacia el desarrollo, de indiferencia y temor hacia el poder político y de desconfianza hacia las leyes.

Debemos aclarar otra vez: no nos referimos al "criollo" o al "pensamiento criollo" como un característica única de una determinada manera de pensar opuesta al desarrollo.

No pretendemos usar el término peyorativo, ni pretendemos ignorar cuanto hay de positivo en la cultura del criollo. Dicho sea de paso, su sentido de la solidaridad, su apego a la tierra, su sentido de nacionalismo, su intenso sentimiento de fe y religiosidad popular, nos enorgullecen y están fuera de discusión.

Apenas recurrimos al término "criollo" ( a falta de otro más preciso), como una manera de situar en un mismo grupo social, las características que consideramos opuestas al desarrollo.

No hay, bajo ningún aspecto, una descalificación a la totalidad de la esencia del criollo, sino a una determinada manera de comportarse , observada en contraposición con el progreso.

No debe olvidarse que en mayor o menor medida, nosotros TAMBIEN somos criollos. No es entonces una crítica, sino una autocrítica.


El criollo y el Estado
El criollo percibía al Estado, como una cosa ajena a él. Una cosa de otros. Una cosa impuesta.

¿Cuanto de eso habrá sido heredado culturalmente hasta nuestros días?

¿Existirá alguna relación entre el criollo de antaño que consideraba al Gobierno como un factor ajeno y temible, con el ciudadano que destruye los bancos de una plaza o las luces de alumbrado público o los espejos de las esquinas, como quien ataca a un invasor?

¿Habrá una relación causa - efecto entre el gaucho que durante años vivía en el mismo rancho, sin hacerle mejora alguna, y el ciudadano que obtiene una casa del Instituto de la Vivienda y no la paga ni le hace ningún mantenimiento ni ninguna mejora?

¿Habrá alguna relación entre el criollo que tenía su caballo mal alimentado (aunque sobrara pasto para darle), mientras anhelaba el caballo del patrón y el criollo actual que sueña con sacarse la lotería para comprarse un auto último modelo, mientras que el que tiene se le viene abajo por falta de mantenimiento?

¿Existirá alguna vinculación entre el gaucho que envidiaba el progreso del inmigrante, insultándolo y calumniándolo, con el criollo que se llena de rencor al ver el éxito del hijo o nieto de inmigrantes, que aprovecha todo su entorno, sembrando hasta en las macetas, mientras el criollo vocifera que los inmigrantes les quitan el trabajo?

¿Habrá alguna vinculación entre el gaucho de antaño que vivía en una superficie de tierra indeterminablemente extensa y jamás trabajada, y que solamente se alimentaba de carne, con el criollo que tiene una casa con terreno de sobra, pero que destina a ese espacio como basural, sin pensar jamás en generar una huerta o un gallinero?

Las semejanzas son demasiado evidentes como para ignorarlas, y buscar justificaciones u otras explicaciones, exige una elaborada arquitectura intelectual y retórica, que difícilmente convenza de lo que resulta palmario y salta a la vista. La inigualable prosa de Arturo Jauretche, en un colosal esfuerzo de justificar esa manera criolla de pensar, solamente logra sorprender, pero no convence. Los hechos son más fuertes que las palabras.

Criollos... en todas las clases sociales
Como dijimos antes, lo más cruel, es que esa matriz de "pensamiento criollo", tan opuesta a la idea de progreso y previsión, no es patrimonio exclusivo de la clase trabajadora, ni de los asalariados de menores ingresos.

Una parte de ese pensamiento, se encuentra enquistada con demasiada intensidad en el sector de clase media, que se puede reconocer por sus manifestaciones.

La misma aversión por el ahorro y por la previsión que se detecta en el criollo de la clase trabajadora, se repite en el criollo de clase media.

De la misma manera que el barrendero municipal se compra a crédito un equipo de audio desproporcionadamente potente, o un televisor inmenso que apenas le cabe en uno de los escasos ambientes de su vivienda, comprometiendo el 50% o más de su sueldo en las usurarias cuotas que deberá pagar, por su parte, el médico criollo compra un auto lujoso a crédito, a sesenta meses, comprometiendo sus futuras facturaciones en una proporción que llega a la mitad de su promedio, por los próximos cinco años.

De la misma manera que el ordenanza de la escuela pública, recibe la noticia del embarazo que anuncia el futuro nacimiento de su sexto hijo, lo mismo ocurre con el profesional criollo, que recibe preocupado la misma noticia. Los dos, en distintas viviendas, procuran superar la aflicción repitiéndose que "los hijos vienen con un pan bajo el brazo"...

En igual sentido, cuando después de un período de recesión económica, se anuncia el lanzamiento de una línea de créditos bancarios, o préstamos personales, se encuentran en la misma financiera los criollos de las dos clases sociales, ambos solicitando el mismo crédito (con distintos montos) para lo mismo: para el consumo (casi nunca para la inversión) o para pagar deudas acumuladas de viejos créditos atrasados.

De la misma manera, el asalariado criollo y el profesional criollo, sufren estrecheces económicas, se privan de elementos de bienestar a mediano y a largo plazo, por culpa de sus conductas y estilos de vida. Ambos , si son personas decentes, sobrellevan sus dificultades con dignidad, quizás consolándose mutuamente en la convicción de que "la calle está dura para todos".

Y ambos, esperan ansiosos que "algo pase". Que aumenten los sueldos, que mejoren los baremos y coeficientes de facturaciones, que les reconozcan en forma retroactiva el bloqueo de título, que se incorpore un adicional novedoso, que los asciendan...


Pero es en vano.

Porque aún cuando ello ocurra, los criollos encontrarán la forma de absorber ese margen de ganancia, contrayendo nuevos créditos, teniendo más hijos, viajando a lugares más caros...

Es nítida esa vocación de vivir hoy. Gastar hoy. Disfrutar hoy, como dijimos antes.

Y esa conducta es, sin dudas, la manera más perfecta de evitar el desarrollo económico. Es un circuito tóxico que se puede mantener por generaciones, en forma indefinida.

Los "inmunizados"
Pero al mismo tiempo, se verifica otro segmento mucho menor de la población que parece ser inmune al sistema de desahorro y de empobrecimiento progresivo que ataca a los criollos en forma casi exclusiva.

Ese segmento, mayoritariamente, se identifica con descendientes de inmigrantes, llegados al país entre 1890 y 1940.

Muchos (por no decir casi todos) de los descendientes de inmigrantes transoceánicos, conservan los rasgos de conducta, completamente opuestos a la cultura del crédito, del consumo, de la reproducción ilimitada, del gasto superfluo...

Y es que no hay nada más opuesto a la mentalidad de un inmigrante que tuvo la valentía de arriesgar su propia vida, suerte y destino, en un viaje interminable para radicarse en un país desconocido, que la cultura del gasto superfluo y de la imprevisión.

Por naturaleza, es todo lo contrario.

Es reacio a gastar en lo que no signifique una inversión productiva. Se resiste completamente a tomar créditos, salvo que sean destinados a adquirir bienes de producción. Aspira con ferocidad a capacitarse, a aprender, a conocer. Sueña con ser próspero, y consecuentemente, es ahorrativo, (a veces hasta lo inimaginable).

Probablemente , por ser formados en familias de férrea autoridad paterna, los hijos de estos inmigrantes mantienen esos rasgos durante varias generaciones.

No se puede negar que en varios casos, se verifica un "acriollamiento" de parte de algunos descendientes de inmigrantes, pero suele ser superficial. Muchas veces basta una sacudida económica, una situación de crisis más o menos severa, para que suela manifestarse esa cultura del progreso, aletargada bajo el barniz del "pensamiento criollo".

La "vergüenza" de no haber fracasado
En algunos otros casos se da un curiosa hibridación, en el descendiente de inmigrantes o en el criollo que logró cambiar su modo de pensar, que logra un desarrollo económico mas o menos importante, y se encuentra socialmente vinculado al sector social de clase media-alta.

Sus hábitos que lo llevaron al desarrollo, son ocultados como si fueran un pecado, como una forma de acatar reglas sociales criollas.

Oculta su hábito de ahorro y previsión, predicando a veces, sin convicción las mismas frases que enuncian los criollos, aunque no se le apliquen a él. Ahorra, pero no lo dice.

Se sacrifica, se priva de gastar innecesariamente, pero no lo comenta. Más se parece a un rasgo de buena educación que a una represión de sus verdaderos valores, pero de cualquier manera, se ve obligado muchas veces, a tener que ocultar la verdad.

Es increíble.

Es tan grande la presión negativa del medio social, que verdaderas virtudes, como lo son la capacidad de ahorro, el arte de auto limitarse en la tentación del consumo, la capacidad de prever, la capacidad de organización, terminan siendo ocultadas como si fueran lacras execrables, horrendos vicios inconfesables, solo por no contradecir la ceguera general.

Conclusiones
Las conclusiones iniciales, son amargas.

Lacerantes, porque al menos desde este punto de vista, se llega a la conclusión de que le asistía razón a Jean Paul Sartre, cuando decía "No hay excusas!".

La realidad de cada uno (salvo casos extremos y raros), es consecuencia directa de elecciones diarias y cotidianas, elecciones hechas día a día, que se manifiestan en efectos a corto, mediano y largo plazo.

No hace falta estar enrolado en las filas del existencialismo , para ver que eso es verdad.

Se avizora que existe una especie de terapia de grupo inmensa, que consiste en ponerse en el rol de víctimas y en "sacar la culpa afuera".

Nunca se hacen cargo de su realidad como consecuencia de sus propias elecciones. Siempre, la culpa es la del otro; del ineficiente gobierno, de la oligárquica historia, de los malditos inmigrantes, de la discriminadora sociedad, de la voluntad de los dioses, de la maldición de Francisco Solano...

El fenómeno de la cultura del desahorro, de la imprevisión, del malgasto, van de la mano con la chatura de vida, la falta de aspiraciones, la escasez de ansias de progreso, la búsqueda de la satisfacción inmediata, el egoísmo de satisfacer YA todos los apetitos, sin que importen las consecuencias...

Pareciera ser que se trata de un fenómeno cultural, de cientos de años cíclico y consecuentemente, reiterativo, persistente y perfeccionado en el error, alentado por décadas de gobiernos que han fomentado la cultura de la empleo-dependencia, del crédito como forma de vida, que solamente se ha visto apenas reducido gracias al flujo cultural inmigratorio transoceánico.

Esa cultura transoceánica (que incluye a inmigrantes europeos, pero también árabes y asiáticos), esencialmente distinta, progresista, esforzada y previsora, que choca irremediablemente con la filosofía de vida económicamente autodestructiva del criollo, alentada irresponsablemente por pseudo intelectuales que van desde las inexplicables alabanzas al gaucho del Martín Fierro (que equivale a poner como ídolo nacional a un delincuente y a un resentido social), pasando por los "autores revisionistas" de la historia (en buena parte –sino en mayoría- , terratenientes por herencia, no por mérito propio) que hacen malabarismos dialécticos para justificar lo injustificable.

Insistir en eso, es ignorar conscientemente los hechos; es no querer ver que este país ha gastado fortunas en planes y recursos para educar al criollo, sin lograr ningún resultado válido.

Es no querer ver que la única forma que los criollos tienen de vivir, es la de tener un patrón, sea una persona o el Estado. Y un patrón, en todos los órdenes de la vida.
Un "padre" que los cobije, los proteja y los sustente. Por tras de eso, van cediendo progresivamente sus grados de libertad, y son perfectas máquinas de fabricar tiranos.

Es no querer asumir que el criollo, en su estado de mayor pobreza, no valorará jamás lo que se obtiene por la dádiva y el subsidio, y que pretender terminar con el problema de esa manera, es querer apagar un incendio con nafta.

De seguir así, irremediablemente los criollos, tendrán más hijos de los que puedan mantener, pedirán subsidios, viviendas de emergencia que jamás pagarán, y el circuito continuará indefinidamente. El que les "provea" sus pedidos y requerimientos, se asegurará una cuota de poder cada vez mayor.

Y no se soluciona, repetimos, con la "educación" (entendida como la instrucción formal que conocemos hasta hoy), porque por regla, si el criollo llega a tener el mérito de capacitarse pero no modifica su forma de pensar, el resultado no cambia mayormente, pues la instrucción primaria y secundaria y hasta la universitaria, no modifican una pauta cultural fortísima que llevan dentro: buscarán, repetimos, alguien que les "dé trabajo", porque no saben generárselo, aún cuando sean eficientísimos en su trabajo, oficio, ciencia o arte. Son, como decía Simón Bolívar, “mendigos sentados en bancos de oro”.

Esto es algo que la Generación del 80 lo vio con claridad, anticipándose 130 años al problema: el criollo (o el gaucho o como se le quiera llamar) , no tiene solución a corto plazo. No tiene aptitud para generarse soluciones de desarrollo por sí mismo.

Intentar educarlo en la cultura del desarrollo y del progreso, es una tarea titánica...que hasta la fecha, (quizás por no haber sido bien implementada) no ha producido los resultados esperados.

Ni las prédicas eclesiásticas o religiosas que insisten en fórmulas exculpatorias que no logran ningún resultado, ni los cínicos discursos políticos que solo aspiran a adularlos para munirse de sus votos a cambio de bolsones, se atreven decir lo que debería ser la premisa esencial de toda intención de desarrollo: la pobreza, no da derechos. La pobreza...da lástima.

La conclusión es terrible: a pesar de la educación, de los intentos de justicia social, de los esfuerzos políticos y espirituales... el criollo no aspira a nada.

Sólo quiere vivir hoy. Como ya dijimos antes, razones, no le faltan. Motivos, tiene de sobra: un inmenso bagaje cultural e histórico que lo ha victimizado por más de trescientos años (o quizás más, si contamos dominaciones hechas por los propios indios), lo condiciona horriblemente.

Ante ese resultado... se concluye que el desarrollo sólo ha sido posible sin el criollo como protagonista. O a pesar de él.

Pero...

Pero existe un excelente posibilidad, que sale como contraposición del análisis anterior. Una posibilidad que está al alcance de la mano de cualquier persona.

Y esa posibilidad, es que felizmente no existe un determinismo cultural irreversible, no existe una condena inapelable a quedar sumidos para siempre en el fenómeno de la atrofia del desarrollo.

Felizmente, no se necesita haber nacido en determinada familia, o tener una determinada estatura, o un determinado color de ojos o de piel... Sólo se necesita QUERER HACERLO.

Esa proverbial capacidad de adaptación del criollo, (que tantas veces le ha jugado en contra, adaptándose a la cultura de "no hacer"), es la misma que lo puede hacer crecer sin límites. Si concentrara su valiosísima capacidad de observación en asimilar las conductas de los que han logrado un desarrollo económico genuino, se daría cuenta de que todo depende de él mismo.

A partir de la experiencia histórica, se concluye que para cambiar , basta con QUERER cambiar eso y actuar en consecuencia.

Basta con tomar conciencia, con darse cuenta de que repitiendo lo que no funciona, no se logrará jamás que funcione.

El primer paso para superar la barrera de la atrofia en el desarrollo, después de haber tomado conciencia del problema, pasa por asumir la necesidad de aprender.

Y la mejor manera de aprender, la forma más natural que todo ser humano tiene, es la imitación.

De la misma manera que se aprende a hablar, a caminar y de la misma manera que se aprenden prácticamente la mayoría de las destrezas cotidianas de la vida, también por imitación se aprende a realizar las conductas y hábitos que conducen al desarrollo.

Tomar conciencia del límite de gasto, suprimir las compras a crédito, limitar el apetito de consumo, descartar el gasto social innecesario. Ejercer, en suma, la virtud de la templanza. Virtud tan al alcance de la mano como el sentido común.

Y sobre todo, aprender la conducta del ahorro, de la planificación, de la previsión.
Imitando, leyendo, investigando. No hay forma de que se pueda terminar perjudicado.

Porque una verdad de la historia (y más aún, de la historia evolutiva de las especies, considerando las hormigas, las ardillas o cualquier otro bicho que logre sobrevivir a los cambios de clima extremos) es que la capacidad de ahorrar es la base de absolutamente cualquier desarrollo económico.

Como consecuencia de gastar menos de lo que se gana, y citando a Benjamin Franklin, el resultado final, será SIEMPRE e inevitablemente un enriquecimiento, en mayor o menor grado, pero siempre, será una mejoría económica, traducida en vivir en forma REALISTA.

Vivir en forma ACORDE a los ingresos que se tienen, y planificar razonablemente la cantidad de hijos conforme a ese parámetro.

Prever lo previsible, planificar razonablemente... todo eso es consecuencia directa de la capacidad de ahorro.

Esa capacidad de ahorro, que es a la vez una formidable dosis de autoestima y de libertad individual.

Porque el que guarda, normalmente experimenta esa sensación de "solidez", de estar más allá de lo urgente, y por eso mismo, no es propenso a inclinar su cabeza ante el gobernante o patrón de turno, para suplicarle que no lo despida, que le dé un trabajo o que lo ascienda.

Todo eso, ese desarrollo no es algo que se vaya a lograr a través del crédito internacional, (ya que es vergonzoso ver que en los últimos 50 años, nos hemos comportado como país exactamente igual que el criollo que pide un crédito para pagar otro que debe desde antes), ni se consigue intentando justificar lo injustificable.

El desarrollo de un país, en definitiva, comienza por el desarrollo del individuo. Y el desarrollo del individuo no se relaciona con abstractas fórmulas económicas, sino con un elemento fundamental, que es la cultura del desarrollo, que no se enseña en ninguna escuela ni universidad, sino que comienza en el hogar mismo.

Los principios del orden, de la puntualidad, de la disciplina, del cuidado de las cosas, de la valoración del dinero como fruto de horas de trabajo, y consecuentemente, del ahorro y la previsión, donde verdaderamente se aprenden, es en el propio hogar.


De qué hablamos entonces...
Esta reflexión, no se trata de "juntar dinero". No se trata de buscar el desarrollo económico como última razón de la existencia, ni mucho menos.

Se trata de intentar demostrar que hablar de eso, es hablar también de libertad. Se trata de ser cada vez más libre, más difícil de ser dirigido por otros, más señor de uno mismo.

Se trata, en definitiva, de hacerse cargo de la propia existencia.

Se trata de una verdadera SOBERANIA INDIVIDUAL.

Se trata de ese elemento que es el que hace la diferencia en necesariamente todos los órdenes, en todos lo pueblos, en todas las culturas.

Se trata de trata de la mismísima DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA, en su aspecto más tangible, directo y práctico, que es el de ser, en la mayor medida posible, el dueño de su propio destino.


miércoles, 20 de febrero de 2008

Porque no me voy de la Argentina

Por qué no me voy de Argentina.
Porque no tengo ganas de irme a otra parte a laburar haciendo cosas que no me animé a hacer aquí.
Porque no tiene nada de malo, ni de indigno, ni deaberrante, trabajar de mozo o lavacopas, o cortando el pasto, o de empleada doméstica, o cuidando una quinta, pero si es bastante difícil de entender que no lo quieras hacer aquí, porque consideras que estudiaste para otra cosa, y en cambio lo agarres como si fuera el maná si te lo ofrecen en Europa, en EEUU o donde sea que te estés yendo.

Porque afuera de Argentina , hagas lo que hagas, siempre serás UN EXTRANJERO, un sudaca en España, un “hispano” en EEUU, y donde sea, un argentino, uno “de afuera”, que tendrá que demostrar que no es un vago, un inmigrante que viene a sacarle el laburo a los nativos de allí... Y probablemente tendrás que tolerar lo que aquí no toleras, escucharás chistes injustos, actitudes xenofóbicas, prejuicios estúpidos, y trabajarás como una bestia para demostrarle a todo el mundo que sos buena persona, civilizado, con valores, y digno de confianza, no tanto por vos, ni para vos, sino para que la generación que viene, la de tus hijos, la pueda pasar mejor que lo que la pasas vos.

Y de algún modo, para que puedan recordar con orgullo, la epopeya de papá y/o mamá que cruzaron los mares en búsqueda de un futuro mejor para ellos.

Porque allá te esforzarás en trabajar horas extras,sábados, domingos y feriados, conseguirás dos (sino tres) laburos, vivirás en lugares que aquí despreciarías ,que para ellosson apenas un poco más que las villas de aquí, y no te quejarás, porque considerarás que es el precio a pagar, es el derecho de piso, que así son las reglas de juego.
Porque te aprenderás el idioma, las costumbres y lahistoria del lugar donde vayas, pagarás puntualmente los impuestos no tirarás un papel en el suelo respetarás las autoridades, la ley, no levantarás la voz, harás colapacientemente, y te pondrás de pie cuando suene el himno de esa tierra que te recibe y te da laburo y comida, TODO para demostrarle en la cara a cualquier nativo que te discrimine, que vos sos tan merecedor de ese país como él; que viniste a trabajar, a engrandecerlo, y que tus hijos nacidos allí tienen nombre de próceres locales.

Porque ahorrarás cada mango que puedas, tratando de vivir espartanamente.
Porque te volverás más católico, más cristiano, más judío, más musulmán, más budista o lo que sea en que creas ,en definitiva, más religioso de lo que eras como una forma de buscar más fuerza en tus principios, y quizás demostrarle a todo el mundo que tienes el carnet de buena persona, religiosa y espiritual.
Porque aceptarás cualquier regla de juego , aunque no teparezca justa, tolerarás lo que nunca toleraste, y jamás pensarás en hacerle un cacerolazo, un corte de ruta, un escrache ni un paro a ese gobiernoextranjero, porque aunque te sientas con derecho, teconsiderarás que estás pegado con saliva, recibido de favor, alojado de lástima, porque más que tenacidad, tendrás miedo...miedo a no ser aceptado, miedo, en definitiva, que se resume en “mejor no joder que sino me rajan.”

Porque lo primero que leerás en los diarios de ese país, es si no cambió la política respecto a los inmigrantes. Sino se “endureció”, si no ocurrió que un día alguien decidió que no haces más falta.
Porque como consecuencia de todo eso, necesariamente prosperarás, ascenderás, o harás tu negocio; tus hijosestudiarán ,y probablemente serán doctores, maestros, ingenieros, contadores.
O lo que quieran.
O lo que puedan.
Porque cuando un hijo se queje de lo dura que es la vida,le dirás que no sabe de lo que habla, que dura era la vida en Argentina, no aquí; que con tesón y sacrificio se superantodos los obstáculos. Que no se rinda, que no afloje, quehaga como vos, que te viniste con lo puesto y que hoy sos un respetado miembro de la comunidad. Porque quizás fantasearás con volver a la Argentina, pero de viaje, eso sí, para mostrarles a los que se quedaron lo bien que te fue. Y consecuentemente, no volverás hasta que no te vaya bien.
Porque será como una misión en la vida: volverás triunfante o no volverás jamás.
Porque si te mimetizaste bien con el medio, un día te morirás allá, y quizás algún nieto tuyovuelva a Argentina para conocer la tierra de su abuelo, y sepreguntará si el nono no exageraba cuando hablaba de hambre, miseria y desocupación, porque... “caramba, esto no se vé tan mal, desde este hotel.”
Se comprará unos cuantos libros de Borges, el Martín Fierro, compacts de folklore (aunque no entienda muchas palabras), hará un par de amigos, sacará fotos y se volverá a su lugar.
A su patria.
Porque te digo esto? Porque yo también, nosotros también, somos hijos, nietos, bisnietos, tataranietos o lo que sea, de inmigrantes. Porque la historia del inmigrante, es la historia de la esperanza. Esa esperanza que da toda esa energía y determinación.
Pero acordate: tu bisabuelo, por regla, se vino a refugiar a nuestra (sí, también tuya) Patria huyendo de una guerra. Vos no.
Tu bisabuelo se vino en la bodega de un barco. Vos te vas en avión.
Acordate bien, porque esa libreta de inmigración de tu nono, es la que hoy te habilita a sacar tu “nueva ciudadanía” (¡como si no tuvieras ya una!). Es la que te fabrica el simulacro jurídico de “neo europeo”, o de “no-tan-hispano”, si tu “lugar” es EEUU.
Que detalle, hasta eso te llevas...!!

Acordate donde estudiaste, acordate de los colegios públicos, universidades públicas y bibliotecas públicas que frecuentaste y utilizaste o pudiste haber utilizado.

Acordate bien, que no te falle la memoria.


Que no te falle, porque hay otra historia también.
Porque cuando algunos se van, otros no.
Y los que no se van, son los que mantienen a un país vivo.Los que soportan, los que sufren, y los que, necesariamente, en algún momento, hacen el cambio. Quedándose. Como lo hicieron los españoles, los italianos, losalemanes y todos los que no se fueron de sus países a pesar de la guerra, a pesar del hambre, a pesar de la miseria.
Los hijos y nietos de ellos, son los que hoy te reciben, allá adonde te estás yendo. Y nosotros nos quedaremos. Y recibiremos a tus nietos. O te recibiremos a vos, especialmente si la fortuna no te sonrió como vos lo esperabas. Te recibiremos, porque sos argentino, y porque sos argentino, tienes ese derecho, de entrar y salir de nuestra patria, cuantas veces quieras o puedas.
Porque (acordate) , sos argentino, no cubano, ni chino.
Puedes irte, y no sos un “traidor al régimen” por eso. Puedes volver y no te espera la cárcel.
Te esperamos nosotros.
Y nos quedamos, aún pudiendo irnos, porque no queremos reeditar la historia de nuestrosabuelos. No queremos seguir siendo emigrantes y nómades cada tres o cuatro generaciones. Preferimos vivir nuestra propia historia, aunque nos cueste muy caro.
Porque la historia te cuenta que en todas las sociedadesdel mundo, llega un punto en que la desesperanza se vuelve furia, y la furia se vuelve valentía. Y se arrasa con todo lo podrido. Y la valentía se vuelve esperanza. Y se reconstruye, de a uno por uno. Armando los pedacitos de lo que quedó. Equivocándose. Acertando. Volviéndose a equivocar. De la pobreza, se aprende la humildad. De la humildad, se rescatan los viejos valores.
Y así se vuelve a la vieja receta del éxito. La receta dela Alemania de la posguerra; de la España devastada por laguerra civil; de la Italia postfascista; de los EEUU despuésde la gran recesión del año 1930; del Japón después de la bomba atómica.
Porque la historia es un ciclo. Y porque quizás sea ciertoque, después de mucho sufrir, estaremos condenados al éxito. Quizás así, si no lo consigues entender vos, tus nietos lo entiendan y entiendan que hace falta valorpara irse, pero mucho más para quedarse, cuando más te necesitan.

Irse...quedarse...¿no será mucho tantos argumentos que te escribo, tanto fundamento visceral, por una mera traslación?
Y es que en algo estamos de acuerdo, y es que te asiste el soberano derecho de hacer de tu vida lo que quieras. Irte a donde quieras... pero sobre todo, porque PUEDES IRTE. Aquí nadie te lo va a impedir.

Es que no se trata de que te vas, sino cómo te vas. Porqué te vas. Porqué reniegas con odio de todo lo que sos.

Podemos relativizarlo todo...Podemos decir que cualquier lugar del mundo es solo eso...un lugar.
Podemos decir que somos “ciudadanos del mundo”.
Podemos narcotizarnos con ficciones de globalización. Podemos defenestrar nuestra propia historia, especular que desde una foto satelital, las fronteras no existen.

Y después de esa sesión de racionalizaciones de segunda, y relativizaciones de cuarta, podemos ver que miles de años de historia, se resumen en la labor centenaria de construir una identidad. Podemos ver que en Medio Oriente, en los Balcanes, en decenas de lugares, se aniquilan por un pedacito de tierra que cabe en cualquier provincia nuestra.

Y me importa un carajo si me dicen que hay millones de planetas, de galaxias y que en comparación, no somos nada.

Yo sólo sé que sólo se puede estar en una parte a la vez. Y aquí es donde estoy. En este lugar. En esta tierra. En esta Patria.

Esta Patria, es todo lo que tengo. Donde nací, donde construí mi historia, donde enterré a mi muertos, donde nacieron mis hijos.
Esta Patria que es mía, aunque cambie de nombre, aunque se haya llamado Virreynato del Río de la Plata, Provincias Unidas, o como se vaya a llamar algún día. Es Mía.

Porque soy protagonista de eso. SOY parte de mi Patria. No la miro desde afuera. No la juzgo, sin juzgarme.

Mi Patria es a la vez, mi orgullo y mi vergüenza, mi alegría y mi dolor. Mi orgullo de premios Nobel y de talentos y mi angustia de villas miserias, historia turbia y terrorismo de estado.
Mi Patria es esa inmensa obra en construcción, más precisamente, en permanente construcción, hecha con planos cambiantes, con improvisados, con genios y con inútiles, llena de demoliciones y nuevas construcciones.

Mi Patria, a fin de cuentas, es un país que ni siquiera tiene 200 años, que no se deja comparar con ningún otro país, que no le sirven las recetas ajenas, que solamente aprende (como los niños) desde el dolor de la propia experiencia.
Mi Patria me queda enorme, y no sé si me alcanzará una vida para merecerla.

Catamarca, Febrero de 2002.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Identidad argentina en construcción (más allá del pesimismo)


Una hazaña increíble: la integración de tradiciones culturales antitéticas
El filósofo Víctor Massuh expuso en la Cátedra sobre "Rasgos perdurables de una identidad argentina". En esta página transcribimos su ponencia.

Toda vez que los argentinos nos referimos a la marcha de nuestras instituciones, lo hacemos con perplejidad y desaliento. No estamos conformes con nosotros mismos y nos acusamos unos a otros. El desconcierto y la desolación terminan buscando en el pasado a los culpables de los males presentes. Ya hay quienes razonan así: si nos equivocamos y tantas veces, ¿no será que la mayor parte de nuestra historia es una acumulación de problemas irresueltos, de rupturas soldadas epidérmicamente, y que la identidad argentina es una constante decepción? Yo no me cuento entre estas almas sensibles.
Pido perdón a mi audiencia de no ofrecerle un panorama depresivo que es lo único que pone eufóricos a mis compatriotas en estos días. No formo parte de esa inteligencia argentina que se complace morbosamente en la enumeración del fracaso, demora más de la cuenta en su análisis, al punto de convencernos que todo derrotismo es un triunfo moral.
Para ello basta con esa chatura mediática que sin descanso celebra la danza de la muerte en torno a un país malogrado por la crisis. No me tapo los ojos, por supuesto, ante el descalabro presente. Pero quiero abrirlos hacia el pasado porque me interesa el futuro de nuestras instituciones. Y esta es mi imagen: en el pasado hemos seguido una notable trayectoria hacia la integración de contenidos opuestos. Integración, convergencia, síntesis. No digo que no hubo rupturas violentas, charcos de sangre, guerras estúpidas, enconos fratricidas. Reconozco, sin embargo, que hubo desgarramientos legítimos que volvieron al país casi invivible: entre la tradición hispana y el jacobinismo de la Revolución de 1810; entre la pasión caudillesca y el racionalismo moderno; la Argentina atlántica y la mediterránea; la militar y la civil; la de economía cerrada y la abierta.
Pero al cabo, el país dio siempre el paso de la superación integradora, la convergencia, la unión de opuestos, el reconocimiento del otro. Es preciso recordar que lo mejor de nuestro país, aquello de lo que no podemos avergonzarnos, fue el resultado de una hazaña increíble: la integración de tradiciones culturales antitéticas: la indígena, la hispana de la Conquista y la Colonización, la criolla de la Independencia y la Organización Nacional, y la inmigratoria de fines del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. La historia fue acogiendo cada uno de esos legados y mediante una lenta sedimentación, los convirtió en implícitos mandatos de una voluntad argentina.
Es cierto que esa voluntad hoy está enferma y en eclipse. Pero es preciso tener una clara conciencia de sus contenidos -que en adelante enumeraré brevemente- si deseamos promover su reencuentro con la luz. El legado indígena no tuvo en nuestra tierra la misma fuerza civilizadora que en otros países de Iberoamérica. De todos modos en nuestro origen estuvo el indio con suerte diversa y silenciosa presencia. Tanto en el Norte como en el Sur y el Litoral argentinos, fue el mensajero de una religiosidad telúrica, una estética celebratoria de la inmensidad cósmica, una sabiduría mítica que concibe a la criatura humana como parte de la naturaleza y no como su señor.
En varias provincias del Noroeste, por ejemplo, pervive una pátina arcaica que colorea la piel, los alimentos, la música, la literatura, las artes y el pensamiento. Escritores como Manuel J. Castilla y Héctor Tizón; folkloristas como Atahualpa Yupanqui, Jaime Dávalos, Cuchi Leguizamón, Eduardo Falú y Rolando Valladares; pintores como Medardo Pantoja, Lobo de la Vega, Timoteo Navarro, Hugo Irureta, Blanca Machuca, Enrique Salvatierra y Víctor Quiroga; ensayistas como Joaquín V. González, Ricardo Rojas, Bernardo Canal Feijóo, Adolfo Colombres y Rodolfo Kusch, todos ellos sintieron y pensaron la Argentina poniendo el oído en la voz callada del indio.
Esa voz cuenta en la polifonía de la identidad argentina. El legado ibérico desparramó sus semillas en nuestra identidad de manera hegemónica a lo largo de más de tres siglos. La Conquista, la Evangelización y la Lengua dejaron una impronta indeleble. Los desbordes de la Colonización fueron atenuados por la Evangelización y las Leyes de Indias. Pese a la infamia de la Inquisición, la Iglesia Católica difundió una ética universalista que irradió en las capas populares y permitió, en un primer momento, iniciativas innovadoras como las misiones jesuíticas, asimiló cultos vernáculos y, llegado el momento de jugarse por la patria en ciernes, sus sacerdotes llenaron el Cabildo de Mayo y, más tarde, la casona tucumana de 1816. La lengua de Castilla, que unificó espiritualmente a todo el Subcontinente Americano, fue también factor de unión de comunidades indias incomunicadas entre sí por una infinita fragmentación de etnias y formas dialectales que desconocían la escritura. El idioma español abarcó casi toda la geografía cultural del Nuevo Mundo y fraguó un rasgo hispanoamericano que quedó definitivamente incorporado a la identidad argentina. Desde entonces pertenecen al patrimonio espiritual argentino: Garcilaso Inca de la Vega (peruano), Rubén Darío (nicaragüense), José Martí (cubano), José Enrique Rodó (uruguayo), Alfonso Reyes (mejicano), César Vallejo (peruano) y Pablo Neruda (chileno), tanto como nuestros próximos Sarmiento, Lugones, Alejandro Korn y Borges.
El tercer legado, el criollo, cristaliza a partir de Mayo de 1810. Desde mucho antes se vino ahondando la ruptura entre el padre y el hijo, entre el español y el americano. El criollo rompe con España, además, para devenir europeo, para abrir un paso franco al racionalismo ilustrado, a los derechos del ciudadano, a la división de poderes del sistema republicano; abrir un paso a la noción de progreso, a la autonomía de la razón frente a la fe, a la apertura al mundo. En suma, para movilizar la voluntad romántica y fáustica de crear de la nada un país, haciendo tabla rasa de su pasado: el español, el indio y el negro fueron considerados retardatarios. Pese a estos excesos lamentables, la Argentina criolla fue de una creatividad inaudita. Fue capaz, en circunstancias atroces, de un coraje único: la Independencia de 1816.
Si bien fue desmesurada su negación del pasado, es evidente que sus protagonistas se sentían fascinados por algo nuevo. Moreno, Belgrano, San Martín, Pueyrredón, Rivadavia, Echeverría y toda la generación del 37 caminaban por el borde del abismo, pero sentían la embriaguez de una libertad total: la de inventar un país.Y esta fiebre se extendió a todo el siglo XIX. Basta evocar tres momentos estelares: un santo de la espada cruza los Andes para poner en actos esta verdad eterna: sólo ayudando a liberar a otros se asegura la propia libertad.
2) Un abogado tucumano se encierra en su casa de Valparaíso y no la deja hasta tener redactado el texto Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina que envía de inmediato a Urquiza en 1852.
3) Un sanjuanino genial metió a la patria en su propia vida a un punto tal que aún hoy todo lo grande que pueda hacerse llevará su nombre.
La Argentina criolla echó las bases de un Estado democrático, produjo instituciones adaptadas a su fisonomía, un pensamiento y una literatura no deudores de la península, y consolidó el sentido de una identidad abierta a la aceptación de los contenidos de su pasado y también de otras regiones y culturas del mundo.
La condición abierta de la identidad criolla se fortaleció con la aparición del cuarto legado: el aporte inmigratorio que se desparramó sobre nuestro suelo a partir de la segunda mitad del siglo XIX hasta las primeras décadas del xx. El 75% de la población actual tiene su origen en aquella inmigración. Al cabo del tiempo transcurrido, ella contribuyó a definir tres rasgos ya incorporados a la identidad argentina.
En primer lugar, la condición de país abierto al mundo y que otorga un crédito suplementario a todo lo venido de afuera. Nuestra Constitución sacralizó una y otra vez este rasgo poco frecuente en el Acta fundacional de cualquier país. Receptores de una inmigración masiva, nos convertimos en lo que Ortega y Gasset llamó "país poroso", cualidad que él señalaba como necesaria para el nacimiento de una gran cultura. Y en esto la Argentina, según el filósofo español, era comparable al “milagro” de la Grecia clásica que acogió lo asiático pero transfigurándolo en una identidad nueva.
En segundo lugar, otro rasgo de la identidad argentina aportado por la inmigración es el pluralismo. En virtud del así llamado mestizaje de nacionalidades, religiones, etnias y lenguas diversas, el argentino aprendió a sentirse un ciudadano plural. En letras, arte, economía, ciencia y filosofía nos habituamos a convivir con tradiciones y escuelas diferentes, a entrar y salir de ellas con una soltura mayor que el hombre culto de otras latitudes para quien la tradición es un férreo condicionamiento. Este rasgo nos predispone al cosmopolitismo, a una visión planetaria, incluso a la universalidad.
No otra cosa quiso significar Borges al decir que "nuestra tradición es el mundo". En tercer lugar, la inmigración promovió una visión del país que pone el acento en el futuro como espacio para la aventura y el "segundo nacimiento". El inmigrante abandona la rigidez de un oficio heredado y adquiere la plasticidad necesaria para asumir otros ocasionales; juega con una lengua diferente y nuevas costumbres; se proyecta en el destino del hijo convertido ya en la encarnación del país venidero.
Pero ocurre que el hijo ya no es la continuidad del padre extranjero, sino que éste continúa al hijo argentino que logró la fluidez del arraigo y el aplomo de pertenecer a un nuevo sistema de comportamientos. El padre es hijo de su hijo.
Lo cierto es que para la Argentina inmigrante el futuro era más real que el presente y el pasado. Más que continuar una tradición, se aspiraba a crearla. Esa Argentina inmigrante soñó con comienzos de toda índole, con iniciar una estirpe, asumir a pleno una libertad creadora.
Justamente en 1922, el mayor filósofo argentino, Alejandro Korn, publica su ensayo La libertad creadora, que podría considerarse el credo filosófico de ese futurismo de la inmigración convertido en esperanzada voluntad argentina. El énfasis futurista de la inmigración me lleva evocar el reproche de Paul Groussac, quien al comienzo del siglo anterior lamentaba "la tibieza del sentimiento histórico" en la Argentina de su tiempo (Del Plata al Niágara). "Tibieza" hacia el pasado que muchas veces fue algo más: negación y olvido.
Pienso que esta actitud del inmigrante también estuvo presente, con gestos más duros, en otros momentos decisivos de nuestra evolución: fue la del español frente al indio, del criollo ante el español. Pero también hubo "tibieza" del inmigrante con su tierra de origen, porque quería reunir todas sus energías para apostarlas en el casillero del futuro.
Bien o mal, así construimos nuestra historia los argentinos: volcando todas las luces hacia adelante y despojándonos del pasado como un lastre que dificulta la marcha.
La divisa intelectual de las dos primeras décadas del siglo pasado fue plus ultra. Su euforia futurista cobró acentos épicos en los cantos a la Argentina (Darío) y a los ganados y las mieses (Lugones).
Hoy nos encontramos lejos de aquella euforia y más bien sentimos la fatiga del futurismo. El horizonte se ha cerrado y es reemplazado por una retórica que lo invoca para ocultar el presente. Cunde el desánimo o el encono ciego y sin salida. Tampoco sabemos cómo insuflar en nuestros hijos el apego a su tierra. Es tiempo nublado.
Al cabo de una accidentada aventura histórica, los argentinos hemos hecho un camino prodigioso integrando valores indígenas, hispánicos, criollos e inmigratorios; sin embargo, hoy nos sentimos en la cola del mundo.
Justamente en un mundo que tiene la vista puesta en la idea de integración como meta de una formidable aventura cultural. La superación de las antinomias, el esfuerzo en favor de la fusión de opuestos o de su convergencia, son metas legítimas de nuestro tiempo en cualquier espacio de avanzada mundial. Veamos algunas de las promesas dominantes de nuestro tiempo.
En la esfera de la globalización, por ejemplo, sigue siendo la unidad de lo diverso, su énfasis en lo humano global a través de la comunicación, el legítimo llamado cosmopolita a esa patria común que subyace en las patrias. Por supuesto, en este campo las frustraciones asedian, porque no se puede hablar de planetarización con un lenguaje de amo grosero y arrasando con las diferencias. En religión, crece el ecumenismo y el diálogo intercultural: los fundamentalismos violentos pueden ganar las calles pero no las conciencias.
En cultura, las tradiciones más variadas se integran espontáneamente y van del brazo en música, ciencia, literatura, filosofía, moda, cine, televisión, arte culinario y turismo, pese a los agoreros de un "choque de civilizaciones". Hace décadas se difundió en la humanidad un progresismo que programaba enterrar el pasado apostando a la aparición revolucionaria de lo nuevo como solución integral de males humanos. Pero ocurre que hoy el pasado del mundo vuelve en casi todas sus formas, fecunda el presente con su variedad y presenta un paisaje prodigioso: la simultaneidad de lo diverso.
Se abren archivos clausurados, ceden prohibiciones bochornosas; minorías regionales despiertan dentro de un contexto nacional dominante; por todas partes brotan ruinas que hacen del pasado prehistórico nuestro contemporáneo. Toman la palabra textos que durante siglos estuvieron mudos, e ideas que antaño brillaron como estrellas. El mismo arte de curar entremezcla terapias modernas y arcaicas nacidas, éstas, de culturas remotas.
¿Cómo hablar de "choque de civilizaciones"? Más bien habría que hablar de una "integración de civilizaciones", de simultaneidad de lo diverso, de lo propio y de lo ajeno.
Pasa algo en el extremo del mundo y tomamos partido como si ocurriera a nuestro lado. Se tiende a entrecruzar los géneros: la lógica silvestre de los mitos primitivos se confunde con la razón discursiva; el mundo clásico enlaza con la modernidad; la lección del filósofo occidental, tan autosuficiente, busca nutrirse de la sabiduría de Oriente tanto como de un relato bantú de la Africa recóndita.
Hoy el lector y el contemplador de cultura empiezan a ensayar, por vez primera, la experiencia de ser contemporáneos de todo-tiempo. La misma ciencia que en el siglo XVIII conquistó su autonomía frente a la religión, a la ética y a la política, hoy advierte que sólo puede preservar esa independencia efectuando nuevas alianzas con sus viejos contendores: estos mismos han cambiado.
Pensemos en las incursiones de la bioética y el genoma humano: la ciencia no sólo busca prolongarse en la tecnociencia sino también en la sabiduría. Perdonen ustedes esta visión inevitablemente epidérmica del mundo contemporáneo, cuya mejor aventura tiende sencillamente hacia la integración, la interdependencia de las culturas, la coexistencia de lo diverso.
Me pregunto con estupor: ¿no estuvimos acaso, nosotros los argentinos, viviendo esta experiencia en carne propia a lo largo de nuestra historia? ¿No hemos tratado acaso de complementar, fusionar, integrar tradiciones, genes, lenguas, nacionalidades, religiones, pasiones, estilos, ideas?
Me resisto a creer que el actual colapso de la vida argentina malogre esa notable preparación de su historia para participar hoy en la más noble y audaz aventura del género humano. Resulta difícil aceptar que con el descalabro político y económico actual, también estemos perdiendo ese enorme capital que lentamente habíamos acumulado.
Cuesta creerlo. Las culturas decaen luego de un florecimiento o mueren porque no se adaptaron a las nuevas condiciones de la creatividad humana. Decadencia o muerte. Ninguna de esas dos perspectivas son las nuestras. Por un lado no se sabe de qué florecimiento real habríamos decaído; por otro, el organismo social está vivo pese a la enorme sangría de la crisis.
Al respecto pienso que la creatividad cultural argentina no decrece y constituye una reserva intacta. Esto me hace pensar que por suerte el país es sólo un organismo inestable: hay órganos que están menos afectados que otros y de ellos puede venir el torrente de salud que restablecerá el equilibrio. En las circunstancias actuales no debemos olvidar que la "apertura al mundo" fue un acto de fe fundacional desde 1810.
Este acto creador continuó en el temerario país de las "Provincias Unidas de América del Sud" de 1816, el "dogma" echeverriano de 1837, el triunfo sobre Rosas, la Organización Nacional, la generación del 80, la Argentina "aluvional", la de la Ley Sáenz Peña y el desarrollismo frondizista. La meta fue siempre la apertura al mundo. Pero ese país abierto, en sus mejores momentos no se olvidó de sí mismo como nación. No estuvo dispuesto a caer en la anomia de una extraversión desmesurada, ni menos a renunciar a la condición de argentino.
Esta condición, con sus contenidos de orgullo y autoestima, es hoy un imperativo vital. Incluso para salvar nuestra tradicional apertura al mundo.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

¿LA HISPANIDAD? SI, LA HISPANIDAD

Definir un problema, es empezar a resolverlo.

¿Es la hispanidad un problema?

Al parecer , el problema es no saber lo que la hispanidad es. No conocer el abigarrado conjunto de pautas culturales de herencia y transmisión que nos conforman, es, de alguna manera, condenarse a no poder resolver nuestros problemas atávicamente urgentes.

El pensador cubano, Carlos Alberto Montaner, hace una prolija digresión, con un esperanzador corolario.
Aqui lo transcribo.

LA HISPANIDAD
Origen y destino

Por Carlos Alberto Montaner

¿Qué es España? ¿Cuándo esa remota excrecencia de Eurasia cobró una identidad propia y surgieron los españoles? Las primeras noticias fidedignas, las consignadas por el griego Herodoto en el siglo V a. C., hablan de la punta occcidental de Europa como una tierra boscosa, llena de conejos y de diversos pueblos más o menos misteriosos y con muy distintos niveles de complejidad social. Todavía no hay, claro, españoles: son celtas, fenicios, vaceos, griegos, astures, cántabros, ligures, vascos y otra larga docena de etnias, casi todas envueltas en la bruma por la ausencia de documentos escritos, aunque se sabe con bastante certeza que algunas de ellas alcanzaron un notable grado de prosperidad, como atestiguan ciertas joyas conservadas y el muy notable busto de la bellísima "Dama de Elche", tallado en piedra.

Todo empezó por un pleitoLa unificación de ese territorio vasto y variopinto fue la azarosa consecuencia de un pleito entre romanos y cartagineses, entonces los dos grandes poderes del Mediterráneo, ocurrido en el siglo III a. C. La historia puede resumirse atropelladamente en unas líneas: tras la derrota militar por el control de Cerdeña a manos de los romanos, los cartagineses -situados en el norte de África, en lo que hoy son Túnez y parte de Libia- debieron aceptar el pago a Roma de unos fuertes tributos de guerra y vasallaje.
Para generar esos recursos, como era propio de la época, necesitaban apoderarse de la riqueza minera de otros pueblos, y se sabía que al sur de la península ibérica, donde ya existían colonias cartaginesas, había grandes yacimientos de minerales. Lanzaron, pues, sus tropas aguerridas, y en poco tiempo ocuparon una buena parte de lo que hoy son Andalucía y el Levante español.El senado romano se asustóNo estaba entre sus planes enviar las legiones a Iberia, pero la prudencia les indicaba que debía ponerle frontera a la expansión cartaginesa, así que obligaron a sus debilitados enemigos a aceptar un límite a la conquista: el río Ebro y la ciudad de Sagunto. Pasar ese punto significaba un casus belli, una causa de guerra.
Y eso exactamente fue lo que ocurrió: los cartagineses se apoderaron de Sagunto y los romanos, sin demasiada convicción pero con suficiente ferocidad, enviaron sus tropas para desalojarlos y someterlos a la obediencia.
La romanización.
Así empezó la romanización de Iberia: una prolongada tarea de más de 600 años. Con las legiones romanas llegaron una lengua -el latín-, un alfabeto, una forma de edificar y de construir ciudades, un derecho y una visión religiosa.
En suma: una civilización y un Estado mucho más fuertes y coherentes que el reguero de pueblos celtibéricos que los romanos iban absorbiendo con cada ciudadela que fundaban o conquistaban. Poco a poco, de sur a norte y de este a oeste la antigua Iberia fue quedando sepultada por la Hispania romana, una provincia dividida en regiones que vagamente y sin proponérselo fueron prefigurando las zonas en las que luego, mucho tiempo después, se balcanizaría el mapa de España: Lusitania (galaico-portuguesa), Bética (Andalucía-Castilla), Tarraco (Valencia-Cataluña).
Del viejo mundo ibérico, protegido por zonas montañosas de difícil acceso, sólo sobrevivió un pueblo tercamente apegado a sus tradiciones: los vascos, portadores de un idioma endiabladamente enrevesado cuyos orígenes se remontaban a la edad de piedra.¿Se puede hablar de españoles en la época de la dominación romana? Todavía no. La identidad de la clase dominante, y, progresivamente, de las etnias dominadas, era la de Roma.
No había tal cosa como una conciencia hispánica. Pero eso comenzó a cambiar en el siglo V d.C., tras el colapso del Imperio Romano, cuando entró en Hispania un pueblo germánico, los visigodos, en persecución de otros invasores germánicos, los suevos que se habían apoderado de una buena parte de lo que hoy son Galicia y Portugal. Los visigodos, radicalmente romanizados tras siglos de difícil convivencia fronteriza con Roma, constituían un aliado federado dentro del agonizante imperio.
El primer estado "español"
Quienes cruzaron los Pirineos serían aproximadamente unas doscientas mil personas -incluidos los guerreros, sus mujeres e hijos- frente a una población de acaso cuatro o cinco millones de hispanorromanos, pero en poco tiempo y con el beneplácito de las mayorías lograron controlar toda la región y cumplir el objetivo de expulsar a los suevos.
Ahí comienza la monarquía visigoda y por primera vez se constituye en la Península un estado independiente y unitario. En el terreno político ha nacido España. San Isidoro de Sevilla, en torno al año 600, ya no se sentía romano. Era un orgulloso hispanovisigodo: un protoespañol. Toledo será la capital de ese reino, algo que tendrá importancia posteriormente cuando el latín evolucione y se convierta en castellano: la norma lingüística más acreditada será la de Toledo.
¿Qué es esa entidad surgida en Europa? Es la suma del viejo sustrato ibérico, casi imperceptible en el siglo V d.C., más la cultura y las instituciones romanas, a lo que ahora se añade y superpone una élite militar de origen germánico.
Cien años antes de estos acontecimientos Roma había adoptado el cristianismo como religión del Imperio, declarando dementes -así decretó el emperador Teodosio- a quienes no lo aceptaran. Los visigodos también eran cristianos, aunque de la corriente arriana. Cierto tiempo después se acogieron a la ortodoxia católica.Mahoma contra Santiago.
Menos de tres siglos duró la monarquía hispanovisigoda. En el 711, en medio de una de las frecuentes guerras civiles desatadas por los belicosos germanos, unos siete mil árabes y bereberes del norte de África, bajo el mando de Al-Tarik, convocados por una de las facciones en pugna, cruzaron el Estrecho, desde entonces y en su honor llamado Gibraltar, y en un periodo sumamente breve lograron controlar casi toda la Península.
Sólo en el norte, en Asturias, resguardado por las montañas, pudo constituirse un reino godo, un miniestado que soñaba con recuperar el territorio arrebatado por los árabes.
Era la Reconquista. Pero no sólo era una reconquista política o territorial. Los árabes habían traído a la Península el concepto de guerra religiosa, la jihad, y los españoles les respondían del mismo modo: al grito de "¡Alá es grande y Mahoma su único profeta!" respondían con el de "¡Santiago y cierra España!".
También era una reconquista espiritual. ¿Quiénes son los primeros hispanogodos que reciben el nombre de españoles? Irónicamente, son los cristianos que huyen de la invasión árabe y se refugian en la Marca Carolingia, es decir, en lo que hoy sería territorio catalán, entonces bajo el dominio de los francos de Carlos Martel. O sea: que los hispaniolis que apresuradamente escapan de la media luna son los catalanes.
Siete siglos duró la Reconquista, y en ese esfuerzo desigual, intermitente, con periodos de hostilidades y alianzas, en el que los árabes se españolizaron y los españoles se arabizaron, fueron acentuándose los particularismos regionales. El latín parió tres lenguas romances: el castellano, el catalán y el gallegoportugués, a las que se podía agregar una docena larga de dialectos.
Y surgieron diversos reinos cristianos generalmente vinculados a las derrotas de los árabes: Asturias, León, Galicia, Navarra, Aragón, Valencia. Pero uno de los más "jóvenes", Castilla, enclavado en el centro norte de la Península, sería el que alcanzaría mayor peso y vigor.
¿Por qué? Tal vez porque la tremenda epidemia o peste del siglo XIV diezmó terriblemente la zona catalano-aragonesa. Acaso porque hubo reyes castellanos muy afortunados en el terreno militar. Seguramente, porque el peso demográfico y económico de Castilla, especialmente tras la absorción de León y Asturias, era mayor que el de las demás regiones de España.
Aparece América.
En 1492, cuando los reyes católicos Fernando e Isabel entran en Granada, último reducto islámico en España, Castilla ya es una potencia europea, y los diversos reinos y territorios de la Península forman una especie de Estado federado en el que las tradiciones, las lenguas regionales y hasta el Derecho local tienen un notable grado de autonomía: son los llamados fueros.
Es verdad que con el matrimonio de Fernando e Isabel también se casaban Aragón y Castilla -los reinos eran propiedad de los soberanos-, pero la suma de dos soberanías no necesariamente constituía una entidad unitaria. España todavía era una manta de retazos en donde predominaba Castilla.En Santa Fe, la ciudad-campamento en la que Fernando e Isabel planean el asalto final de Granada, hay un marino iluminado, probablemente genovés, que quiere convencer a los monarcas de que participen en una aventura marítima de difícil pronóstico: darle la vuelta a la tierra navegando hacia el Oeste, con el objeto de llegar por esa vía a las islas asiáticas de las especias.
Se llama Cristóbal Colón y tiene fama de ser un poco sabio, un poco loco y bastante latoso.
Finalmente, se firma el acuerdo. Es un joint-venture en toda la regla y no demasiado costoso: unos veinticinco mil dólares calculan hoy los historiadores. Meses más tarde, inesperadamente, aparecerá América en el camino. Colón nunca se dio cuanta de ello o no quiso admitirlo. En realidad no le convenía ese gigantesco contratiempo.Poco después del descubrimiento de América sucedió otro fenómeno político entonces de mayor envergadura para España: un nieto de Fernando y de Isabel, Carlos, criado en Flandes, como consecuencia de ciertas maniobras políticas, del soborno de unos cuantos nobles y de su condición por línea paterna de heredero de una de las ramas de los Habsburgos, antes de cumplir veinte años se convierte en la cabeza del Sacro Imperio Romano, una enorme porción de Europa que incluía Alemania, Austria, partes de Italia, Flandes, y, naturalmente, España y los flamantes territorios americanos.
América era una colonia de Castilla, pero Castilla era una pieza del imperio de los Habsburgos. El emperador Carlos V de Alemania (I de España) ni siquiera hablaba español correctamente cuando llegó a la Península. Sus abuelos habían muerto y mandaba un habilísimo Regente, el cardenal Cisneros, pero también murió antes de poder darle la bienvenida al nuevo soberano.
No todos fueron vítores: para afianzar su poder tuvo que enfrentar unas severas revueltas acaudilladas por una parte de la nobleza. Lo hizo con extraordinaria dureza.
América se independiza
Algo más de tres siglos duró la presencia española en América. Los dos primeros bajo la soberanía de los Habsburgos y el último bajo la rama francesa de los Borbones. En efecto: en 1700 muere Carlos II sin dejar descendencia, y tras una espantosa guerra internacional -la primera gran guerra mundial europea, librada al costo de más de un millón de muertos- un sobrino del rey francés se corona como monarca español y la Península y la Colonia reciben una fuerte influencia modernizadora traída por la nueva dinastía.
En España y en América la intelligentsia lentamente se va afrancesando: es la Ilustración. Los criollos resienten la marginalidad en la que viven. Casi todas las jerarquías políticas y religiosas vienen de la península. De los 170 virreyes designados por la Corona a lo largo de tres siglos para gobernar en los cuatro virreinatos, sólo cuatro nacieron en América. De los 705 obispos, sólo 105 fueron criollos, y todos blancos, naturalmente.
Para España, Hispanoamérica era una propiedad que le pertenecía como le pertenece una casa a quien la construye. Los criollos y mestizos comenzaban a albergar sentimientos separatistas. La chispa fue la revolución francesa y su secuela napoleónica. En 1808, con España convertida en un virtual protectorado de las tropas francesas, el rey español Carlos IV fue obligado a abdicar a favor de Napoleón, en detrimento de su hijo Fernando, y el emperador francés a su vez le entregó ese reino a su hermano José Bonaparte.
Este fue el punto de partida de la guerra de independencia española, librada de manera casi espontánea por guerrilleros extremadamente eficaces, y de la rebelión americana. Del lado de acá del Atlántico el primer grito de batalla fue "¡Viva Fernando VII!"; el segundo, "¡Viva la independencia y mueran los gachupines!"
Quince años más tarde casi todo el nuevo mundo se había emancipado. Cuba y Puerto Rico todavía tendrían que esperar hasta 1898.
Los verdaderos "españoles"
Esta ruptura, naturalmente, sólo ocurría en el terreno político: en el cultural no había posibilidad de desandar el camino. En ese extenso periodo de tres siglos España había creado en América una de las pocas culturas planetarias, dotándola de un idioma que devino internacional -el 6% de la población mundial se comunica en español-, y en el que se publican anualmente más de sesenta mil títulos diferentes.
Más aún: mientras en la Península, como se comprueba en la España de las autonomías, siguen vivas y crecientes las tendencias nacionalistas no-castellanas, especialmente en Galicia, Cataluña y las Vascongadas, donde verdaderamente se fragua la identidad española es en América. Es en Chile o en Costa Rica donde los vascos, andaluces y catalanes se funden en una nueva criatura. Es en Cuba, en Venezuela, en Argentina o en Uruguay donde gallegos, asturianos y canarios, mezclados con negros e indios adquieren un perfil unificado.
Es acá, finalmente, donde gloriosamente cuaja la hispanidad.

sábado, 16 de junio de 2007

Si...

Si (Rudyard Kipling)
Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,o siendo odiado no dar cabida al odio,y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduria...

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu viday agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...

Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,y perder, y comenzar de nuevo por el principio y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculosa servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,excepto La Voluntad que les dice "!Continuad!".

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;si puedes emplear el inexorable minuto recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

martes, 1 de mayo de 2007

Sé tu mismo, no importa lo que digan (Sting)

"Englishman In New York"

I don't drink coffee I take tea my dear
I like my toast done on one side
And you can hear it in my accent when I talk
I'm an Englishman in New York
See me walking down Fifth Avenue
A walking cane here at my side
I take it everywhere I walk
I'm an Englishman in New York
I'm an alien I'm a legal alien
I'm an Englishman in New York
I'm an alien I'm a legal alien
I'm an Englishman in New YorkIf,
"Manners maketh man" as someone said
Then he's the hero of the day
It takes a man to suffer ignorance and smile
Be yourself no matter what they say
I'm an alien I'm a legal alien
I'm an Englishman in New York
I'm an alien I'm a legal alien
I'm an Englishman in New York
Modesty, propriety can lead to notoriety
You could end up as the only one
Gentleness, sobriety are rare in this society
At night a candle's brighter than the sun
Takes more than combat gear to make a man
Takes more than a license for a gun
Confront your enemies, avoid them when you can
A gentleman will walk but never run
If, "Manners maketh man" as someone said
Then he's the hero of the day
It takes a man to suffer ignorance and smile
Be yourself no matter what they say
I'm an alien I'm a legal alien
I'm an Englishman in New York
I'm an alien I'm a legal alien
I'm an Englishman in New York